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HISTORIA DE LA BIBLIOTECA
Biblioteca imaginaria creada en los tiempos de Maricastaña cuando, según decían las crónicas, las ranas vestían pelo y los burros volaban. Crónicas no basadas en bulos malintencionados, sino en puras realidades, según constatan los pergaminos encontrados en la catedral de la Chimpampa, en donde el mitrado de la época escribió con pluma de ganso de excelente calidad y preciosa caligrafía, la fábula que un sacristán beodo le contó sobre las ranas peludas y los burros voladores. Así pues, tras nula comprobación científica, damos por buena la versión del mitrado; o sea, en un tiempo había ranas con pelos y burros con alas. Por aquellos entonces, Najum comenzó a coleccionar libros. El primero que tuvo fue aquél que le regaló con motivo de su nacimiento su tío abuelo Sigerico, un bruto visigodo partidario de Fritigeno que luchó contra los romanos en la batalla de Adrianápolis. De aquellas tierras trajo un tratado a favor de la tesis arriana en duro ataque contra el filioque romano, que ya empezaba a despertar. Sigerico, a pesar de su dura cabeza, creyó muy instructivo que el recién nacido comenzara a interesarse por las cuestiones teológicas. Luego vinieron más libros. Cualquier motivo era bueno para ello, que si el primer diente, que si el primer chichón, que si dejara de orinarse en los pañales, que si empuñara la primera espada, que si fue la primera flecha que clavó al vecino, ¡yo qué sé!, cualquier motivo era bueno para que fuera engrosando su biblioteca. Había volúmenes de toda clase y color, desde la física a la metafísica. Uno de ellos que trataba de astronomía ya vaticinaba que la Tierra giraba alrededor del Sol. Se lo trajo de las Cruzadas otro tío abuelo que se llamaba Raimundo el Peñote, el mote era por la cabeza, que más parecía peña que testa humana. La anomalía de la cabeza era congénita en la saga. El tal Raimundo se lo quitó limpiamente en un descuido a un sarraceno que, cara al suelo en la oración del Magreb, ni se enteró. “Otro libraco para la colección de mi sobrino nieto” dijo el ladrón. Libro tras libro Najum se encontró con miles de ellos, digo miles, ¡millones! No había habitación que estuviera vacía, para que en un santiamén la llenara. Los libros se esparcían por castillos, covachas, casas de adobe y de cualquier otro material. Entonces, a Najum se le apareció el problema de la consulta. “¿En que maldito lugar se encontrará el libro que habla del sexo de los gamusinos?” se preguntaba. Crucial pregunta para no tener respuesta. Mientras tanto los libros seguían llegando, los tíos abuelos o abuelos tíos no dejaban de traerles libros de todas las partes del mundo. Aquél que acompañó a Marco Polo en su viaje a la China, o ese otro que fue lugarteniente de Oderico de Pordenone en su aventura americana, y otros muchos más que la memoria no quiere recordar. El caso era que Najum se desesperaba en su desorden. Pero mira por donde, un buen día de mayo se encontró con la maga Encarna, que dominaba las ondas de las comunicaciones humanas, y le dijo: “La solución está en las páginas web”. Y así sin más Najum empezó en Capi el curso de páginas web. ¡Una maravilla! Con cuatro lecciones dadas sabiamente por la maga, Najum fue ordenando su supervoluminosa biblioteca. Empezó por las obras más recientes. Confía que tenga vida suficiente hasta llegar al libro que le regaló su tío abuelo Sigerico, aquél de la batalla de Adrianápolis. Y mientras esto ocurra el lector puede ir ojeando lo que haya transcrito.
Biblioteca imaginaria creada en los tiempos de Maricastaña cuando, según decían las crónicas, las ranas vestían pelo y los burros volaban. Crónicas no basadas en bulos malintencionados, sino en puras realidades, según constatan los pergaminos encontrados en la catedral de la Chimpampa, en donde el mitrado de la época escribió con pluma de ganso de excelente calidad y preciosa caligrafía, la fábula que un sacristán beodo le contó sobre las ranas peludas y los burros voladores. Así pues, tras nula comprobación científica, damos por buena la versión del mitrado; o sea, en un tiempo había ranas con pelos y burros con alas. Por aquellos entonces, Najum comenzó a coleccionar libros. El primero que tuvo fue aquél que le regaló con motivo de su nacimiento su tío abuelo Sigerico, un bruto visigodo partidario de Fritigeno que luchó contra los romanos en la batalla de Adrianápolis. De aquellas tierras trajo un tratado a favor de la tesis arriana en duro ataque contra el filioque romano, que ya empezaba a despertar. Sigerico, a pesar de su dura cabeza, creyó muy instructivo que el recién nacido comenzara a interesarse por las cuestiones teológicas. Luego vinieron más libros. Cualquier motivo era bueno para ello, que si el primer diente, que si el primer chichón, que si dejara de orinarse en los pañales, que si empuñara la primera espada, que si fue la primera flecha que clavó al vecino, ¡yo qué sé!, cualquier motivo era bueno para que fuera engrosando su biblioteca. Había volúmenes de toda clase y color, desde la física a la metafísica. Uno de ellos que trataba de astronomía ya vaticinaba que la Tierra giraba alrededor del Sol. Se lo trajo de las Cruzadas otro tío abuelo que se llamaba Raimundo el Peñote, el mote era por la cabeza, que más parecía peña que testa humana. La anomalía de la cabeza era congénita en la saga. El tal Raimundo se lo quitó limpiamente en un descuido a un sarraceno que, cara al suelo en la oración del Magreb, ni se enteró. “Otro libraco para la colección de mi sobrino nieto” dijo el ladrón. Libro tras libro Najum se encontró con miles de ellos, digo miles, ¡millones! No había habitación que estuviera vacía, para que en un santiamén la llenara. Los libros se esparcían por castillos, covachas, casas de adobe y de cualquier otro material. Entonces, a Najum se le apareció el problema de la consulta. “¿En que maldito lugar se encontrará el libro que habla del sexo de los gamusinos?” se preguntaba. Crucial pregunta para no tener respuesta. Mientras tanto los libros seguían llegando, los tíos abuelos o abuelos tíos no dejaban de traerles libros de todas las partes del mundo. Aquél que acompañó a Marco Polo en su viaje a la China, o ese otro que fue lugarteniente de Oderico de Pordenone en su aventura americana, y otros muchos más que la memoria no quiere recordar. El caso era que Najum se desesperaba en su desorden. Pero mira por donde, un buen día de mayo se encontró con la maga Encarna, que dominaba las ondas de las comunicaciones humanas, y le dijo: “La solución está en las páginas web”. Y así sin más Najum empezó en Capi el curso de páginas web. ¡Una maravilla! Con cuatro lecciones dadas sabiamente por la maga, Najum fue ordenando su supervoluminosa biblioteca. Empezó por las obras más recientes. Confía que tenga vida suficiente hasta llegar al libro que le regaló su tío abuelo Sigerico, aquél de la batalla de Adrianápolis. Y mientras esto ocurra el lector puede ir ojeando lo que haya transcrito.
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SECCIONES
Sus ochenta y cuatro millones setecientas veintiocho página o, mejor dicho, cuarenta y dos mil trescientas sesenta y cuatro millones de frases o, mucho mejor explicado, aproximadamente doscientas cincuenta cuatro mil ciento ochenta y cuatro millones de palabras están dividas en las secciones de Literatura, Historia, Pensamiento, Ciencia, Espiritualidad y Varios, con sus respectivas subdivisiones. Ahora bien, hay que advertir que muchas de sus páginas se encuentran descuajaringadas, arrugadas o manchadas por haber limpiado con ellas el mitrado la pluma de gansa, porque fue hembra la que aportó su plumaje para tan meritorio fin.
Si usted tiene curiosidad de adentrarse en sus diferentes apartados, no tiene más que ir a la web de Najum que con la ayuda de la maga Encarna está construyendo en Capi.
Sus ochenta y cuatro millones setecientas veintiocho página o, mejor dicho, cuarenta y dos mil trescientas sesenta y cuatro millones de frases o, mucho mejor explicado, aproximadamente doscientas cincuenta cuatro mil ciento ochenta y cuatro millones de palabras están dividas en las secciones de Literatura, Historia, Pensamiento, Ciencia, Espiritualidad y Varios, con sus respectivas subdivisiones. Ahora bien, hay que advertir que muchas de sus páginas se encuentran descuajaringadas, arrugadas o manchadas por haber limpiado con ellas el mitrado la pluma de gansa, porque fue hembra la que aportó su plumaje para tan meritorio fin.
Si usted tiene curiosidad de adentrarse en sus diferentes apartados, no tiene más que ir a la web de Najum que con la ayuda de la maga Encarna está construyendo en Capi.
¿Dónde está Capi? Bueno, esta es una pregunta que tendrá respuesta otro día.

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