
Esto es una entrada de prueba, pero ha salido preciosa. Ahora queremos extendernos algo más. La profe Encarna dice que debemos escribir unas cinco o seis líneas. Aquí, ante la tradicional hora de la siesta, topamos con una verdadera dificultad. La mente somnolienta no permite aventuras intelectuales ni nada parecido. Así pues, ¿que podemos hacer ante ello? Lo mejor que se me ocurre es no hacer nada, aunque la profe Encarna se enrrabiete y me ponga cara a la pared. Esto último no me preocupa, acaso será por reminescencias infantiles, ya que mis lejanos recuerdos del colegio no se olvidan de las veces que estuve observando la rayas y arrugas que hacía la cal de las paredes.
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